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  • Santiago Concheiro y Ana Paula Ojeda

Los proyectos agroecológicos como alternativas de retribución a la Tierra.

Updated: Apr 22


El caso del Centro Comunitario Productivo de Ocomantla



Desde hace cientos de años la humanidad se pregunta qué debe hacer para que la tierra nos dé cada vez más. Nos preguntamos cómo obtener cultivos más productivos, cómo extraer más minerales, más madera, más recursos.


Vivimos en un vertiginoso deseo por hacer crecer la economía: aumentar la producción, desarrollar las industrias, multiplicar las minas, potenciar la extracción, acumular recursos, acrecentar las empresas, ampliar las fábricas, intensificar los procesos. De ello se desprende que todos los verbos que usamos con respecto a nuestra relación con la naturaleza implican una necesidad constante de crecimiento que revelan una relación voraz e insaciable.


Frente a esta visión de mundo, que se corresponde con un sistema económico devastador, basado en la desigualdad de la ganancia y en la explotación de los bienes naturales en aras -siempre- del aumento de las riquezas monetarias y la acumulación del capital, se nos olvida un elemento obvio pero fundamental. Así como la propuesta capitalista parte de una idea de crecimiento infinito (siempre más, siempre más grande, siempre más ricos) el medio natural del cual extraemos todo para lograr esas riquezas, no lo es. Esta es una contradicción irremediable e insuperable. La naturaleza es finita y, si bien, tiene la capacidad de regenerar parte de sus recursos, la velocidad a la que se mueven las necesidades y deseos humanos no parecen coincidir con la de la naturaleza. Estamos devastando al planeta a un ritmo que no le permite regenerarse, ya no sólo para sostener nuestras ambiciones productivas y delirios de “progreso”, sino simplemente para sostener la vida del resto de los seres que habitan este planeta.


Datos como que para agosto de 2019 ya habíamos consumido todos los recursos que el planeta podría haber generado ese año; que en 2017 se talaron 15.8 millones de hectáreas de bosque tropical, lo cual equivale a talar 40 campos de fútbol por minuto durante 12 meses; o que en los últimos 50 años se ha perdido el 89% de los vertebrados terrestres de América Latina, nos hacen confrontar una realidad abrumadora, demasiado desastrosa cómo saber qué hacer. Somos ese testigo que observa desesperado cómo el mundo se le escapa de las manos.


El trabajo en el campo tiene el efecto de convertir las abstracciones en realidades. En medio de la selva, mes con mes, vemos cómo aumentan las hectáreas deforestadas, el crecimiento de los asentamientos humanos, la apertura de nuevas parcelas y la cantidad de habitantes. Hemos visto, también, cómo en un lapso de tiempo muy corto, las poblaciones de diversos animales han disminuido. Insectos, mamíferos y reptiles que antes veíamos con frecuencia, son cada vez más raros. Los viejos hablan de animales que nosotros nunca vimos. En el tiempo de una vida humana se han extinto miles de otras formas de vida.


¿De qué forma podemos hacer frente a esta situación? Si bien, mientras los problemas ambientales son múltiples, complejos y avasalladores, y su solución requiere de la participación activa de todos los poderes que controlan el mundo -los cuales, irónicamente, no parecieran ser tantos- en Kolijke hemos pensado en alternativas locales. Es verdad que bajo este sistema económico no es claro cómo vamos a lograr la salud y bienestar del medio natural, sin embargo, lo que hemos aprendido que sí podemos hacer es cambiar la lógica en la escala y en los espacios que podamos, considerando que los problemas ambientales que percibimos en Kolijke y su zona de influencia están estrechamente vinculados a las condiciones de precariedad, marginación y vulnerabilidad en las que viven la mayoría de las familias de la región. Ya que, al final, las tendencias de crecimiento y enriquecimiento no solamente ponen en riesgo a la naturaleza, sino también a la vida de la población humana del planeta.



Capacitaciones sobre biodiversidad con los jóvenes de Ocomantla en el ADVC Kolijke

Entonces, a la par de ecosistemas y especies en peligro de extinción, existen comunidades humanas cuyo cotidiano es una lucha constante por subsistir, por conseguir sustento económico, alternativas laborales, alimento, agua potable, hogares en los que de hecho sí quepa toda la familia, educación de calidad, luz, drenaje y un largo etcétera.


Sin duda, estos problemas también son complejos, múltiples, y requieren de acciones, voluntad política y el compromiso de muchos actores diferentes. Sería ingenuo pensar que nuestras acciones en este campo son las soluciones últimas y definitivas a todos estos problemas. Sin embargo, lo que sí tenemos es la posibilidad de construir alternativas locales, de tener ideas y arriesgarnos. En Kolijke hemos actuado a nivel micro -pensando en el contexto específico en el que trabajamos-, considerando las condiciones concretas y considerando, también, a los y las habitantes de estos territorios como los agentes de su propia transformación, como los dueños de sus recursos, sus decisiones y su futuro.


Con base en lo anterior, desde hace más de 30 años en Kolijke se comenzaron a realizar esfuerzos importantes de conservación y cuidado de los ecosistemas, lo que ha permitido la consolidación de la reserva, el Área Destinada Voluntariamente a la Conservación (ADVC) “Kolijke”. Desde hace alrededor de 6 años, también nos hemos puesto a pensar en colectivo, junto con las comunidades rurales e indígenas vecinas al ADVC, en posibilidades para detonar y acompañar procesos de organización comunitaria en los que sea posible pensar en los problemas sociales y ambientales que se viven cotidianamente en la región, e imaginar alternativas para poner manos a la obra y trabajar en conjunto.


Entre estos procesos, desde 2019, con el apoyo de la Fundación Casa Córdoba, se comenzó a construir el Centro Comunitario Productivo de Ocomantla (CCPO) en esta localidad totonaca, bajo la idea de cambiar las lógicas de la producción, de proponer una relación diferente con la tierra y entre las personas. En este espacio, que ya se encuentra terminado y en funcionamiento, realizamos actividades que, más que basarse en las ideas de extracción, ganancia y crecimiento, se sostienen en las premisas de sostenibilidad, salud ambiental, cooperativismo, solidaridad y vida digna; cambiando el paradigma productivo de la cantidad por el de la calidad, y el de riqueza por el de bienestar y alegría.


Con base en estos principios, se busca que todos los proyectos del CCPO se organicen colectivamente y generen ganancias compartidas que se administren y repartan entre los participantes en sistemas cooperativos. Además, en realidad no todas las ganancias son económicas, también se produce alimento, suelo y semillas, bienes que se intercambian y se distribuyen a través del trueque.


Concretamente, en el Centro Comunitario se alojan cinco proyectos productivos diferentes, que actualmente se encuentran en distintos momentos de activación: el Banco de Semillas Comunitario, la Biofábrica para la producción de biofertilizantes y compostas, el Taller de producción de hongo seta, las Terrazas para siembra Jukiluwa, y el Proyecto de abejas nativas y protección de polinizadores.




Terrazas de siembra Jukiluwa



El Centro Comunitario también cuenta con una Tienda Comunitaria que busca ser un espacio de comercio justo a nivel local, en el que se fortalezcan procesos de trueque y economía solidaria.

El planteamiento consiste en que todos los proyectos que alberga el CCPO se articulen entre sí generando un sistema complejo en el que cada uno es una pieza clave de un proceso más amplio. Es decir, en el Banco de Semillas Comunitario se conservan y resguardan semillas locales de buena calidad que surten a las terrazas para siembra Jukiluwa, misma que se nutre de los biofertilizantes y compostas que produce la Biofábrica, y cuyas plantas se polinizan con ayuda de las abejas nativas del proyecto de polinizadores. Las cosechas, tanto de hortaliza como de hongo seta, así como los biofertilizantes, compostas y semillas se venden o intercambian en la Tienda Comunitaria.

Además, de manera paralela se trabaja con la red de productores locales que hemos ido consolidando en los últimos años, y que tienen en sus hogares huertos de traspatio, mismos que también utilizan las semillas del Banco de Semillas Comunitario (ayudando a la reproducción y renovación del banco), y que nutren su tierra con las compostas y los biofertilizantes producidos en la Biofábrica. Las cosechas de estos huertos se pueden intercambiar entre productoras (casi todas son mujeres) o llevar a vender a la tienda comunitaria del CCPO.


Como mencionamos anteriormente, actualmente estamos impulsando la reproducción de diferentes especies de abejas nativas y el rescate de colmenas silvestres en riesgo, para que en cada huerto pueda haber polinizadores locales, permitiendo también el cuidado y conservación de estos animales que actualmente se encuentran sumamente amenazados.


Por otro lado, el Centro Comunitario es, ante todo, un espacio educativo. Todos los proyectos que engloba tienen un carácter demostrativo, por lo que este centro es un lugar de experimentación y aprendizaje agroecológico. Es un laboratorio campesino en el que los y las capacitadoras son, tanto personas invitadas de otros contextos como habitantes locales, promoviendo espacios respetuosos de intercambio de saberes y construcción colectiva de conocimiento. Además de los talleres y capacitaciones de agroecología se realizan actividades educativas y reflexivas de muchos otros temas, y es también un espacio de reunión y organización para la comunidad de Ocomantla y localidades vecinas.



Distintas actividades en el CCPO


En Kolijke pensamos que podemos tomarnos en serio las posibilidades de transformación que están a nuestro alcance, promoviendo relaciones diferentes con la tierra, de retribución e intercambio más que de explotación y extracción. Creemos que al pensarnos como una parte más de un vasto y complejo territorio, habitado por muchos otros seres vivos, podemos empezar a trabajar en pro de la tierra, para regresarle a ésta lo que nos da, y para poder mirar con asombro y alegría la vida que crece a nuestro alrededor y que nos permite estar vivos.


Te invitamos a conocer el Centro Comunitario Productivo de Ocomantla, ya sea a través nuestras redes sociales o en visitas presenciales para tomar cursos y talleres, una vez que las condiciones sanitarias lo permitan.


Sigamos cuidando la vida.



Santiago Concheiro Carmona y Ana Paula Ojeda Valverde



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